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  • Ernesto Polo

POLO VIAJERO SOY

Actualizado: jun 8

Muchos dicen que más que Ernesto debí ser Marco Polo por mi afición a viajar y descubrir nuevos lugares. Pero seguro muchos ni sabían que me llamo Ernesto y el Marco no me gusta así que definitivo me quedo con el POLO, sí #poloviajerosoy.


No sé cuándo fue que decidí que lo mío era viajar, bueno más que viajar conocer, que digo conocer, descubrir. Por eso déjame contarte un poco de mi infancia para ponerle un contexto al porqué hoy hago lo que hago. Aunque no lo creas yo también algún día fui niño.


Viajar es la mejor forma de aprender. ¿Qué esperas? ¡Viaja ya!

Desde que recuerdo siempre me gustó estar fuera de casa, no me mal interpreten, no es que fuera un vago, más bien me gustaba explorar el entorno donde vivía. Yo era Sateluco, si no estás familiarizado con ese termino deja te explico, así se les dice a los oriundos de Ciudad Satélite en el Estado de México, vaya hermoso lugar.


Como a muchos me tocó vivir esa gloriosa etapa en la que los niños podíamos jugar libremente en las calles y a lo único que le teníamos que temer era al mítico coco. Entonces salir a jugar, a caminar o a andar en bici ya sea solo o acompañado era cosa de todos los días.



Obvio el fut, el basket y hasta el beisbol, tan de moda hoy en día, eran parte de las rutinas de juego, siempre había con quien armar las retas en la calle. Y las rutas en bici también eran parte de las salidas a jugar. Si mi madre supiera hasta dónde me iba yo en bici a los 12 años quizá me daría un buen coscorrón.


pero parte de lo que yo disfrutaba era explorar los terrenos baldíos y las construcciones vacías. Ciudad Satélite está llena de callejones detrás de las casas y de niño yo me conocía perfectamente todos los callejones de la zona, hoy por desgracia esos callejones están cerrados, enrejados debido a la inseguridad, pero eso es otra historia.


El caso es que yo era feliz recorriendo esos callejones saltando de un terreno a otro, en ellos siempre andaba en busca de animales. Los más comunes eran lagartijas y sapos, pero si uno buscaba bien era posible encontrar serpientes y unas arañas bastante raras, ponzoñosas les decíamos. Obvio tuve grandes compañeros de aventura, a quienes recuerdo con nostalgia, que me hacían segunda pero cuando ellos no podían me iba yo solo a la aventura. Y lo mejor que me podía pasar era que lloviera, entonces si la experiencia estaba completa.




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